domingo, junio 10, 2007

Sobre el Psicoanálisis

Me parece interesante la visión de personas muy maduras que llegan a definir algo por lo que no es, o mediante aproximaciones por las fronteras de eso que si se dice, deja de ser lo que se quería transmitir. Lean a Jesús intentando explicarle a los que lo escuchaban lo que era para él el "Reino de los Cielos" mediante muchas parábolas. También tenemos el caso de Lao Tse, afirmando:
"El Tao llamado Tao
no es el Tao eterno.
El nombre que puede ser nombrado
no es el verdadero nombre.

El principio del cielo y de la tierra
no tiene nombre."

Tal vez algo relacionado con esto sea lo que entendí de una explicación que le dieron a mi compañera en la facultad de psicología referida a las definiciones; era más o menos así: "Llamamos 'mesa' a una mesa, porque no es el techo, ni un lápiz, ni una carpeta, ni un bolígrafo, ni..." (ni nada que no sea una mesa).

Dejo a continuación un Fragmento del trabajo “Intervención sobre la interpretación”, incluido en Encuentro de Buenos Aires. El efecto mutativo de la interpretación psicoanalítica, compilación de Juan Carlos Stagnaro y Dominique Wintrebert (Ed. Polemos).
Este fragmento lo saqué de Página 12

El que sabe que no sabe lo que dice

Por Jacques-Alain Miller (Psicoanalista. Delegado general de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Presidente del Instituto del Campo Freudiano)

Preguntémonos cuáles son los grandes usos de la palabra en el vínculo social. 1) Está la palabra que manda. El que manda habla primero. El otro obedece, se conforma, se somete, hace lo que se le dice. “Ve”, dice el amo, y el servidor va. Así se expresa un antiguo texto babilónico. 2) Está la palabra que comunica, que enseña, que informa, es decir que impone al otro una forma, un estándar, que trasega saberes. Al que recibe le toca conformarse. 3) Y está la palabra que expresa. Bajo sus formas primarias parece desconocer todo destinatario; pero, fundamentalmente, expresarse es dirigirse a otro, quejarse, reivindicar, pedir a otro que tiene lo que a uno le falta, forzar la escucha. Pienso en el alto funcionario ruso puesto en escena por Gogol, que se ofende cuando su subordinado le dirige la palabra: “¿Cómo se atreve? (a hablarme)”. Ya hablarle es insolencia, hacerse escuchar por el potente es ejercer un poder ilegítimo.
Con respecto a esta tripartición, ¿qué vamos a decir de la palabra que interpreta? Como analista, también estoy por estructura en una posición de superioridad. Me solicitan, como iban a Delfos a hacerse descifrar el destino por la pitonisa transportada. Vienen, como a pitonisa, a someter su palabra a mi examen. Un médico dice: “¡Desvístete! ¡Muestra el cuerpo!”. Un analista dice: “¡Habla!”.
Para el solicitante se trata de quitarse todo lo que ata la palabra, de relajar las exigencias del superyó, las inhibiciones, la buena educación; deponer las armas de la palabra que manda, y quedarse solamente con la palabra que demanda, que impone su queja. Por estructura, la interpretación analítica supone la disimetría de los interlocutores. Strachey hace del analista un “superyó auxiliar”, un nuevo trozo de superyó que va contra el superyó ya existente. Lacan, de manera más formalizada, ubica al analista en el lugar del amo.
Pero es un amo que no actúa como un amo. Esa es la paradoja constitutiva del acto interpretativo en el psicoanálisis: el analista dispone del poder de la palabra, y no lo utiliza ni para mandar, ni para enseñar, ni para esculpir al paciente según su propia imagen, ni para comunicar sus emociones y transmitir lo que lo divide. Por supuesto, hace todo esto, pero en tanto preliminar a lo que es su uso propio, peculiar, inédito de la palabra, es decir, interpretar.
Siento la interpretación como una práctica exquisita, que necesitaría de un tacto infinito, que no se confunde para nada con la buena educación. Lacan decía que no se podía analizar a los ricos porque no pueden pagar, pagar con algo que les cueste. Dudo que se pueda analizar a reyes y princesas, si se les debe respeto. Respeto es distancia, mientras que la palabra de interpretación se avecina a lo más íntimo sin respetar el encuadre, la ciudadela que protege a lo más arraigado del síntoma, a la libido que él tiene presa.
Toda interpretación es irrespetuosa, un analista puede ser civil, pero si se detuviera en la buena educación, no funcionaría. Actúa de manera inhabitual, y a veces hasta indelicada, pero con tacto, de manera dosificada, a la medida de lo que el otro puede soportar de la potencia de la palabra. Le corresponde ser delicado en la brutalidad misma de la interpretación, en el paso brusco de la cortesía al irrespeto que no apunta a sacudir al otro sino, en él, al viejo amo que comanda la repetición.
Se podría decir que la palabra de la interpretación se sostiene en un lenguaje que es metalenguaje puesto que toma como referencia, como objeto, la palabra del otro. Pero la estratificación del lenguaje objeto y del metalenguaje sólo es posible en la dimensión del escrito.
En el análisis, el intérprete no habla otra lengua que la del otro.
A la vez, dos locutores jamás hablan la misma lengua. Nunca una palabra tiene exactamente la misma significación para dos, o, por lo menos, la misma resonancia. Es la carga libidinal de las palabras la que determina la significación, y su distribución es siempre singular. Lo que se puede poner como denominador común, es solamente el sin-sentido: emblemas, señales, rituales, palabras vaciadas de significación.
Uno no sabe lo que quiere decir una palabra para el otro, el eco que encuentra en él, la resonancia, y, por esa misma razón, cuando uno habla a otro, nunca sabe lo que uno mismo dice.
Un analista debería ser una excepción. Debería ser el hombre que sabe lo que dice. Era el ideal de Monsieur Teste, de Paul Valéry. Pero seamos más humildes: un analista es el hombre –el ser-hablante– que sabe que nadie sabe lo que dice, el peso, el alcance de lo que dice. Es imposible para un analista refugiarse en un “No quise decir esto” cuando el otro interpreta la interpretación que le ha dado. ¡Es ridículo invocar su buena intención como uno es analista! ¡Invocar su buena fe! Como dice Lacan: “De todos los errores, el de buena fe es el más imperdonable”.
La buena fe supone otro que reconozca que no he deseado esto. El inconsciente significa que tú no sabes lo que deseas, que algo te queda velado para siempre en tu deseo. “Soy de buena fe” se interpreta como “No me hago responsable de las consecuencias”. Esa excusa, esa cobardía no está permitida a un analista. Lo que no sé de mi deseo, me lo enseñan las consecuencias de lo que digo.
“De nuestra posición de sujeto –dice Lacan– somos siempre responsables.” Es una tesis existencialista que se torna irónica en el psicoanálisis: somos responsables sin ser libres. Es decir: nuestras elecciones son forzadas.

sábado, junio 09, 2007

Ocultar el resplandor - Tao Te Ching

...
El cielo dura eternamente, la tierra permanece.
Eternos y permanentes porque no viven para sí mismos.
Por eso son eternos y duraderos.

Es así que el hombre sabio,
al ponerse en el último lugar, es el primero.
No pensando en sí mismo, se mantiene.
No buscando su bien, lo realiza.
...


Esas dos fueron estrofas de la obra Tao Te Ching, atribuida a Lao-Tse.

Es bueno aprender a ser como la hoja de una planta, por la cual se desliza una gota de rocío que, con el tiempo, perfora a la roca.

¡Adelante!

sábado, junio 02, 2007

Catecismo Buddhista

Estuve leyendo durante las dos semanas pasadas un libro de Henry S. Olcott: "Catecismo Buddhista". Debido a que yo asociaba catecismo con lo que conocía (como no podía ser de otra manera), que es lo que cualquiera que haya tomado la comunión conoce (como yo), y también debido a que si el título del libro es ese (no puede estar mal, es correcto, me planteé) busqué en el Diccionario de la Real Academia Española el significado de la palabra catecismo y éstas son las acepciones que arrojó:

1. m. Libro de instrucción elemental que contiene la doctrina cristiana, escrito con frecuencia en forma de preguntas y respuestas.

2. m. Obra que, redactada frecuentemente en preguntas y respuestas, contiene la exposición sucinta de alguna ciencia o arte.

3. m. catequesis (‖ lugar o reunión donde se imparte la doctrina cristiana).


Y me di cuenta que el título del libro estaba usando la segunda acepción de la palabra.

Es interesante el encontrarnos en situaciones como esta, en la que una frase nos desubica, y más interesante es cuando investigamos si la desubicación fue causada porque estaba mal planteada la frase o porque nuestros conocimientos son limitados (¡cuántos no son conscientes de eso! ¡y sin serlo andan por el mundo afirmando cosas que no saben! -eso me incluye-)

Volviendo al tema del libro, de lo que trata el libro, voy a dejar unos pasajes del mismo:

1 PREGUNTA: ¿ A que religión [1] pertenecéis ?

RESPUESTA: A la Buddhista

2 PREGUNTA: ¿Qué es el Buddhismo o Budismo?

RESPUESTA: Es un conjunto de enseñanzas pre­dicadas por el gran personaje llamado Bud­dha [2]

3 PREGUNTA: ¿ Es la palabra" Buddhismo" la más adecuada para esta doctrina?

RESPUESTA: No. Esa palabra sólo es un término occidental. La palabra más adecuada es Bauddha Dharma.

4 PREGUNTA: ¿Llamarais buddhista a una perso­na meramente por haber nacido de padres buddhistas?

RESPUESTA: En modo alguno. Buddhista es aquel que no sólo profesa la creencia en que el Buddha fue el más noble de los Instructores, que cree en la Doctrina que Él predicó y en la Fraternidad de los Arhats, sino que practica Sus pre­ceptos en la vida diaria.

5 PREGUNTA: ¿Cómo se llama un buddhista va­rón, laico?

RESPUESTA: Upasaka.

6 PREGUNTA: ¿ y cómo una mujer buddhista?

RESPUESTA: Upasika.

7 PREGUNTA: ¿Cuándo se predicó primero esta doctrina?

RESPUESTA: Hay algún desacuerdo en cuanto a la fecha exacta; pero según las Escrituras de Ceilán, fue en el año 2513 del presente Kali­ Yuga [3]

8 PREGUNTA: ¿ Dadnos las fechas más importantes de la última vida del Fundador.

RESPUESTA: Nació bajo la constelación Visa en un martes, el mes de Mayo, en el año 2478 del Kali Yuga. Se retiró a las selvas en el año 2506; llegó a ser Buddha en 2513; y, saliendo del circulo de los renacimientos, entró en Paranir­vana en el año 2558, a la edad de ochenta años. Cada uno de estos acontecimientos ocurrió en un día de luna llena, por lo cual se celebran juntos el día del plenilunio del mes de Vaisakha o Wesak, que corresponde al mes de Mayo.

9 PREGUNTA: ¿El Buddha era Dios?

RESPUESTA: No. El Buddha Dharma no enseña que existiera encarnación "divina".

10 PREGUNTA: ¿Fue un hombre?

RESPUESTA: Sí; pero el más sabio, el más noble y el más santo. Se había desarrollado hasta aquel punto en el curso de innumerables nacimientos, poniéndose a la cabeza de todos los demás seres, exceptuando los anteriores Buddhas.

11. PREGUNTA: ¿Hubo otros Buddhas antes de él?

RESPUESTA: Sí, como se explicará más adelante.

12. PREGUNTA: ¿Era Buddha su nombre?

RESPUESTA: No. Buddha es el nombre de una condición o estado de la mente después de haber alcanzado el pináculo de su desarrollo.

13. PREGUNTA: ¿Cuál es su significado?

RESPUESTA: Iluminado, o bien el que tiene la perfecta sabiduría. La palabra pali es Sabbannu, el de Conocimiento ilimitado. En sánscrito es Sarvajña.

14. PREGUNTA: ¿Cuál era, pues, el verdadero nom­bre del Buddha?

RESPUESTA: Siddartha era su nombre real, y Gautama, su nombre de familia. Fue príncipe de Kapilavastu y perteneció a la ilustre familia de los Okkáka de la Raza Solar.

15. PREGUNTA: ¿Quiénes fueron su padre y su madre?

RESPUESTA: El Rey Suddhodana y la Reina Máyá, llamada Maha Maya.



[1] La palabra" religión" es de lo más inadecuado para aplicarla al Buddhismo, que no es una religión, sino una filosofía moral. Pero por el uso, se ha aplicado la palabra para de­signar la doctrina moral especial de los pueblos, y así la emplean en las estadísticas. Los Buddhistas de Ceilán nunca le han dado el significado de lo que implican los europeos en la construcción etimológica de la raíz latina de ese vocablo. En su credo no hay nada que "ligue", en el sentido cristiano, es decir, una sumisión o fusión del yo en un Ser Divino. Su palabra local para designar su relación con el Buddhismo y con el Buddha, es Agama, que es sánscrita pura y significa "aproximarse o llegar". Y como "Buddha" significa iluminación, la palabra compuesta con que designan el Buddhismo, es Buddhagama, que puede traducirse "aproximación o camino a la iluminación". Los misioneros, al encontrar a mano la palabra Agama, la adoptaron como equivalente de "religión"; y ellos llaman al Cristianismo, Christianagama, cuando debía ser Christianibandhana, pues bandhana es el equivalente etimológico de "religión". También a los buddhistas se les llama Vibhajja vada (el que analiza), y Advayavadi. Con esta explicación, continuaré empleando la palabra en favor del lector.

[2] Debe tenerse presente que, en Oriente, Buddhismo sig­nifica la "religión" de Buddha; mientras que Budhismo (con una d), significa Bodha, o Bodhi, sabiduría. (N. del T.)

[3] Empezó el año 3102 (antes de nuestra Era). - N. del T.




¡Que lo aprovechen!

Diego

lunes, marzo 12, 2007

Ser

En el libro "Una temporada con Lacan" Pierre Rey cuenta algo significativo para él. Dice que hablando con un amigo se dio cuenta de algo. Hablaban sobre la conocida frase pronunciada por Hamlet: "Ser o no ser, esa es la cuestión"; respecto de ella el amigo le hizo notar cómo cambiaba el sentido de la misma al mover la coma de lugar: "Ser o no, ser esa es la cuestión"

¿Qué piensan?

domingo, diciembre 17, 2006

Algunos versos del Dhammapada

Acá dejo unos versos del Dhammapada (Aforismos del Dharma).

Capítulo 19. El Juez (en algunas traducciones dice "El Justo")
...
258. No se vuelve uno sabio tan sólo con hablar mucho. Aquel que es apacible, libre de odio y miedo (y no causa miedo), es llamado un hombre sabio.
259. No está uno versado en la Doctrina por hablar mucho. Aquel que habiendo escuchado la Doctrina no la ignora y la observa, ese tal es uno versado en la Doctrina.
...
268. Observando (voto de) silencio, el hombre no educado y necio no se vuelve un sabio. Pero el hombre sabio que, como si sostuviera una báscula, escoge lo que es bueno y descarta lo malo, es un verdadero sabio.
269. Por esta misma razón es un sabio. El que comprende el mundo (su naturaleza) por dentro y por fuera, es llamado un sabio.
...

Si les pica la curiosidad, el Dhammapada es un texto Budista. Tal vez no sepan que el Budismo no es una Religión, sino algo más parecido a una Filosofía. No es una religión porque no cumple con los requisitos que tienen que tener un conjunto de Doctrinas para ser consideradas Religión. (Dicho por el propio Dalai Lama, en una entrevista que Samuel Wolpin le hizo). A propósito, ¿saben que Religión viene de Religar (re-ligar, volver a unir)?, volver a unir al hombre con aquello que está presente en todo (que las religiones llaman Dios, y en otras doctrinas se lo llama Lo Absoluto).
También, uno puede re-elaborar el significado de Religión, y entonces decir que el Budismo es una Religión. Digo re-elaborar porque algo nos han enseñado con respecto a lo que es la Religión, pero es tarea de uno ver con sus propios ojos (entender) lo que es un acto religioso. Porque sino, habremos recibido un mensaje de un teléfono descompuesto, o tal vez, como dice el refrán, estaremos mirando al dedo en vez de a la Luna.

Cortito y al pie.
¡Saludos!